El mundo que nos rodea es incierto y a la vez es tan predecible, que la vida no sólo se hace incierta y predecible sino que hasta sin sentido, abrumadora pesada. Parece una contradicción lo que expreso, pero lo que quiero decir es que lo incierto es lo razonado por otros. Entonces sabemos la marcha de un mundo estereotipado, que se sincroniza con las mentes que no gozan de un esplendor sabio, sino que inmortalizan lo repetido. Somos víctimas de un éxito decadente, de una Humanidad exitosa de la nada, de lo que sólo es lo que es.
Lo “incierto” está en aquellas cosas que preocupan al vulgo… En aquellas cosas que son cotidianas, pero por ser cotidianas no son malas. Lo malo es que esa cotidianidad tiene, como consecuencia, el apropiarse del alma y la razón de cada uno de nosotros. Lo predecible se disfraza de impredecible y nos ataca, nos embiste, nos embebe con sus cosas sin dejarnos realmente pensar. Nos ata y nos tortura pensando en un mañana “incierto”.
Es ahí donde la voz de los comunes se quiebra, se desespera se desconcierta, se encierra en una madriguera de mentiras, donde el mañana da miedo y no se puede vivir el hoy. Donde las palabras van cobrando un sentido enfermizo, aprisionan las mentes, tiene un poder de hacer dudar que es increíble, tienen la fuerza de todo aquello que puede derribar hasta el más alto y fortificado muro. La palabras sin sentido derriban castillos, esas palabras dejan de convertirse en simples palabras y pasan a ser rumores, rumores de destrucción, que corroen cada mente, cada ser, cada vida. El rumor mata la existencia, el rumor sabe manejar una estructura, y esta estructura se llena de poder en el momento que esos rumores comienzan su obra. Cada uno comienza a ser la obra de ellos, cada uno sólo vive de ellos, son parte de ellos, se espejean en ellos, se convierten en repetición, en acuidad. Comienzan a matar y a dejar que aquellos que realmente tiene sentido no se pueda entender se desecha. Los rumores enloquecen los sentidos, los cierra los ponen esquizoide.
Cada uno vive de acuerdo con un enfermizo rumor, sólo se aferran a simplicidades, a cosas exteriores a pensamientos sin contenidos, sólo dejan que aquellas cosas que son entretenimiento les den un poco de respiro, llaman las cosas que no son como si fueran, no pueden nombrar lo nombrado. Sólo deletrean una simplicidad de cosas que empañan la conciencia, y esta a su vez no tiene el discernimiento de ver la realidad, ya que están bloqueadas por lo ya razonado, por lo mismo de siempre. Nada les sirve de aquello que realmente les hace ver que lo cotidiano tiene la intención de encerrar la conciencia como si fuera una cosa, que no tiene valor.
¿Qué es lo impredecible? ¿Es algo tangible, real? Podemos decir que sí, lo incierto se encarna en lo cotidiano a través de las palabras. Las palabras son símbolos, es una semiótica que comenzamos a aprender en nuestras vidas. Este simbolismo se va manifestando en nuestras vidas a cada paso, las palabras como símbolo nos remite a un significante. Y es así que el significante está construido por las palabras, por un simbolismo. Las palabras no dichas tiene también su semiótica, aunque no se pronuncien.
Colaboración de El-sirio
Argentina